Hija de emigrantes gallegos, MARTA TRABA (Buenos Aires, 1930-Madrid, 1983) nació y creció en el contexto de la «década infame» y el «peronismo clásico» argentinos, hecho que marcaría sensiblemente su infancia y adolescencia y forjaría el carácter de su juventud, asentada en un fuerte compromiso político. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Buenos Aires, viajando posteriormente a Roma y París para especializarse en Historia del Arte. Llegó a Colombia en 1954, iniciando una intensa labor como agitadora de la vida cultural de la época, hasta convertirse, en palabras de Elena Poniatowska, en «una figura imprescindible en un país en el que mandaban los militares». Conseguiría la plaza de profesora titular de Historia del Arte en la Universidad de América en 1956, al tiempo que incursionaba en la televisión nacional en el empeño de convertir el arte en un bien accesible y atractivo para el público general. Algunos años más tarde, instituida ya en la crítica de arte más respetada del panorama artístico colombiano por sus aportaciones al estudio de dicha disciplina en Latinoamérica, fundará el Museo de Arte Moderno de Bogotá y, en 1965, será nombrada asimismo Directora de la Extensión Cultural de la Universidad Nacional de Colombia. A lo largo de su carrera académica, dio conferencias e impartió clases en numerosas universidades extranjeras, como Princeton, Stanford o Maryland, entre otras. Defendió abiertamente la revolución cubana en una serie de artículos publicados en 1966, protestando más tarde contra la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968. Pese a mostrarse siempre refractaria a las afiliaciones y a tomar parte en grupos de carácter uniformador, ejercería no obstante su tarea creativa, docente e investigadora con una fuerte conciencia feminista, como ella misma consignó a la postre en diversas declaraciones públicas y como prueba el hecho de que en 1982 fuese invitada por las Universidades de Massachusets, Harvard, Smith y Marymount a dictar un ciclo de conferencias sobre literatura femenina.

Dejó un legado compuesto por más de veinte volúmenes de historia y crítica de arte, innumerables artículos, una colección de poemas, siete novelas y dos libros de cuentos cortos. Entre sus ensayos, cabe destacar El museo vacío (1958), Los cuatro monstruos cardinales (1965), Historia abierta del arte colombiano (1968), Dos décadas vulnerables en las artes plásticas latinoamericanas (1950-1970) (1973) o Museo de arte moderno (1984). Su predisposición natural hacia la narrativa, en la que concurren el lirismo de su escritura y la «simpatía social» que, según la propia autora, cristalizaba en su preocupación por los temas latinoamericanos, encarnaría en las novelas Las ceremonias del verano (1966, 1981; Firmamento, 2021), Los laberintos insolados (1967), La jugada del sexto día (1969), Homérica Latina (1979), Conversación al sur (1981), En cualquier lugar (1984) y Casa sin fin (1988), estas dos últimas publicadas póstumamente, y en los libros de cuentos Pasó así (1968) y De la mañana a la noche (1986).

Falleció el 27 de noviembre de 1983 en Mejorada del Campo, Madrid, en un vuelo con destino a Colombia, adonde se dirigía para asistir al I Encuentro de la Cultura Hispanoamericana, invitada por el presidente Belisario Betancur, que algunos meses antes le había otorgado la nacionalidad colombiana. Su restos descansan en el cementerio Jardines de Paz de Bogotá. 


Las ceremonias del verano


ISBN: 978-00-00000000
Género: Narrativa, novela
Formato: 135 x 215 cm
Encuadernación: Rústica cosida
Páginas: 112
Lanzamiento: septiembre 2021
Edición: 1ª
Precio: 16 €