Los últimos días de Immanuel Kant
Thomas de Quincey

Prefacio: Marcel Schwob
Traducción: Julia García Olmedo
 


Los últimos días de Immanuel Kant sigue siendo uno de los textos más singulares y elaborados de Thomas de Quincey. Gracias en buena medida a las memorias firmadas por Ehregott Wasianski, el ensayista inglés pudo prestar sus palabras al fiel amigo de Kant y relatar los últimos momentos del célebre filósofo ilustrado. Siguiendo meticulosamente el flujo de los acontecimientos, De Quincey nos da cuenta en sus páginas de las preocupaciones que invaden ahora a ese pobre espíritu en otro tiempo brillante. Atrapado por su vejez y por sus problemas de salud, el filósofo aparece retratado como un hombre agotado y enfermo.

Sus pérdidas de memoria y de equilibrio afligen a Wasianski, que intenta por todos los medios hacer su vida más llevadera hasta el último aliento. No hay que perder de vista, sin embargo, que, aun apoyándose en los testimonios de algunos de sus coetáneos, lo que De Quincey pone ante el lector es una obra de no ficción especulativa, sujeta a intromisiones discursivas y a sutilísimas desviaciones biográficas, y en la que la figura del filósofo es sublimada al tiempo que satirizada en sus facetas más íntimas. De esta mezcla de ironía y ternura termina por desprenderse una profunda melancolía, la del tiempo que pasa y que destruye inexorablemente hasta las mentes más preclaras.


ISBN: 978-84-123407-3-0 | Género: Ensayo literario | Formato: 135 x 215 mm | Encuadernación: Rústica cosida con solapas | Páginas: 104 | Lanzamiento: septiembre 2021 | Edición: 1ª | Precio: 16 €


THOMAS DE QUINCEY (Manchester, Reino Unido, 1785-Edimburgo, 1859), ensayista y crítico literario británico, huyó desde muy joven del influjo paterno. Con apenas diecisiete años escapó a Gales y poco después se trasladó a Londres, donde vivió de incógnito y conoció la pobreza. Tras reconciliarse con los suyos en 1803, De Quincey regresó a la próspera casa familiar e ingresó en el Worcester College de Oxford. En 1804, mientras aún estaba en la universidad, mantuvo sus primeras experiencias con el opio, al que sería adicto el resto de su vida. En 1817 contrajo matrimonio con Margaret Simpson, quien ya le había dado un hijo. Aunque por esa época escribía ya de manera imperiosa, casi no publicaba. La aparición de sus Confesiones de un opiófago inglés, en 1821, le hizo conocer un éxito inesperado y vino a paliar su nefasta situación económica como cabeza de familia numerosa. En 1828 se trasladó a Edimburgo, donde residiría hasta su muerte. Tras el fallecimiento de su esposa en 1837, De Quincey se volvió cada vez más solitario y excéntrico. De los más de veinte volúmenes que componen sus obras completas, destacan Leyendo a las puertas de Macbeth (1823), uno de los clásicos de la crítica shakeasperiana del siglo XIX; Los últimos días de Immanuel Kant (1827; Firmamento, 2021), publicado originalmente en Blackwood's Edinburgh Magazine; Del asesinato considerado como una de las bellas artes (1827); Suspiria de profundis (1845), continuación de las Confesiones; Juana de Arco (1847); El coche correo inglés (1849) y Apuntes autobiográficos (1853).


De entre todos los héroes de Thomas de Quincey, Kant fue sin duda el primero

     MARCEL SCHWOB, La Vogue, 4 de abril de 1899


Thomas de Quincey es esencial para mí. En The Last Days of Kant vemos a un hombre de gran inteligencia, un hombre de genio, que muy lentamente se hace pedazos ante los ojos del lector (...). Pienso que es una de sus mejores piezas. (...) Tengo algunos pasajes que podría citar de memoria -los he leído y releído-. He pensado en De Quincey como si lo conociera. Quiero decir que lo adoré como a un contemporáneo

     JORGE LUIS BORGES, entrevistado por Donald Yates, en The Gypsy Scholar


A nadie debo tantas horas de felicidad personal

     JORGE LUIS BORGES, Prólogo para un prólogo de prólogos


El relato de De Quincey puede considerarse el mejor logrado sobre la domesticidad gótica de un fantasma en vida

     LUIS CHITARRONI, La muerte de los filósofos


El texto de De Quincey (...) es una maravilla y un deleite para sus lectores que, sintiéndose o no ofendidos por el trato dispensado a Kant -no veo motivos para ofenderse-, se estremecerán con su largo tramo final: no puede olvidarse, a mi juicio, que este libro tiene un alcance universal cuando detalla el deterioro del cuerpo y del cerebro que precede a la muerte en los últimos años y días de vida. Más allá de Kant, ese relato nos concierne a todos y a todos nos conmueve

     MANUEL HIDALGO, El Cultural

Un maestro de la empatía (...), paradigma del intelectual emancipado moderno 

     ENRIQUE LYNCH


Los últimos días de Immanuel Kant es el más hermoso de los retratos de De Quincey

     PIETRO CITATI, El mal absoluto


Con un difícil equilibrio entre el afecto y la ironía, entre la sátira y la admiración, es una inolvidable reflexión sobre los estragos del tiempo, una mirada melancólica a la decadencia física y mental que refleja la pequeñez de lo humano, pero también un acercamiento a la figura de Kant a través de sus rutinas y sus preferencias culinarias, de su brillantez como conversador, de su práctica del ejercicio físico diario y su disciplina de trabajo, de su gusto por la conversación y por la observación de la naturaleza, de sus obsesiones y manías, de su carácter afable, su vida retirada y su intensa dedicación a la vida intelectual

     SANTOS DOMÍNGUEZ, Encuentros de lecturas